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viernes, octubre 25, 2013

Un spot "importado de los EE.UU.": Néstor viene a proponernos un sueño

No parece extraño que el cierre de campaña del oficialista "Frente para la victoria" sea un spot que nos trae a la memoria el momento de la asunción al poder del ex-presidente Néstor Kirchner, fundador de esta década de triunfos electorales del Frente y de la sucesión familiar. Es el despliegue del mito fundacional en todo su esplendor.

Lo que sí resulta paradójico es que el spot sea una recreación del video ganador del Emmy que formó parte de la campaña de Barack Obama cuando obtuvo su primera presidencia en 2008. El video, denominado "Yes We Can", es un collage de música y grandes figuras del espectáculo y el deporte norteamericano inspirado en el discurso de Barack Obama luego de las primarias de New Hampshire. La canción fue grabada el 2 de febrero de 2008 por  el miembro de Black Eyed Peas  will.i.am.

Asimismo, el "Vengo a proponerles un sueño" me retrotrae al Dr. Martin Luther King y su memorable discurso "I have a dream". Todas figuras políticas del gran hermano del norte.

Huelgan las palabras, les dejo ambos videos para que los analicen. Y que tengan un buen domingo de elecciones, eso siempre es una sana costumbre republicana.




domingo, octubre 14, 2012

Jóvenes y política


Lo leí hoy en Urgente 24 y me parece una entrevista muy interesante sobre la participación política juvenil en general y en particular en la Argentina.
Espero les guste.



por EDUARDO BLAUSTEIN
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Miradas Al Sur). Director de Le Monde Diplomatique en su edición para el Cono Sur, politólogo, columnista de Página/12, José Natanson acaba de publicar ¿Por qué los jóvenes están volviendo a la política? De los indignados a La Cámpora (Debate). El libro analiza la emergencia de los nuevos movimientos juveniles en geografías y culturas aparentemente tan distintas como las de los países árabes, España o la Argentina. Es un ensayo ágil, a la vez ameno y complejo, que se lee como si se surfeara sobre las olas de la globalización y del impacto de las nuevas tecnologías. Pero también sobre los abismos que separan las oportunidades que dan la educación masiva o el acceso a internet de los problemas del desempleo estructural y la súper explotación laboral. En esta entrevista, Natanson se explaya sobre las razones profundas de la repolitización de amplios sectores de la juventud argentina y de lo que entiende como límites y potencialidades de la juventud kirchnerista, particularmente La Cámpora. Para Natanson, el desafío de esa agrupación debería ser aportar “energía desafiante, creatividad, innovación”. Y dice: “La defensa del kichnerismo no puede ser todo”.
–¿Qué hay de común o de continuidad entre un pibe de La Cámpora, uno de la primavera árabe y un indignado español?
–Básicamente, una activación política que hace diez o veinte años no estaba. Los jóvenes españoles eran considerados apáticos y conformistas, los jóvenes árabes sólo eran vistos por los medios occidentales en su calidad de terroristas potenciales, los estudiantes chilenos como consumistas, acá lo mismo. Pero, de repente, en dos o tres años, todos se movilizan. Y cuando un fenómeno ocurre en lugares tan diferentes prácticamente al mismo tiempo, creo que vale la pena, casi como una obligación analítica, buscar una causa más general. Y yo en ese sentido veo una brecha: por un lado, jóvenes cada vez más educados, porque los sistemas educativos avanzaron en todo el mundo, el analfabetismo desapareció o casi lo hizo en muchos lugares, jóvenes con acceso a una cantidad enorme de información, cultura, modos de vida diferentes, por las nuevas tecnologías, internet, los celulares, las redes, etc. Al mismo tiempo, tienen muchas dificultades para insertarse en sistemas laborales precarios, flexibilizados, de empleo basura. Es algo totalmente nuevo en la historia: por primera vez los jóvenes saben cosas, y saben hacer cosas, que los adultos no. Por eso es buena la publicidad del Anses del nieto enseñándole al abuelo a usar la computadora. Pero, al mismo tiempo, son jóvenes que en muchos casos van a vivir peor que sus padres, también por primera vez, en sociedades con una historia de movilidad social ascendente como la nuestra o las europeas. Esto crea una distancia entre las posibilidades de los jóvenes y las oportunidades reales, que se traduce en malestar, desencanto, bronca. Y, ahora, en algunos casos, en una repolitización. Lo notable es que en casi todos los casos los jóvenes construyen movimientos antipoder, y en la Argentina no, la juventud kirchnerista es propoder. Pero entonces yo digo que, a diferencia de lo que pasa en Medio Oriente, España o Chile, donde hay una identificación entre poder económico y poder político de derecha, acá el kirchnerismo tensiona la relación con los poderes económicos, mediáticos o corporativos. Es de algún modo un movimiento antipoder. Y me parece que eso es lo que conmueve a los jóvenes.

–Su libro cuestiona cierta interpretación relativamente dominante según la cual La Cámpora es una creación del poder, “desde arriba”. ¿Cuál es su visión al respecto? Por un lado habla de un proceso histórico alimentado “desde abajo” y, luego sí, de un fuerte papel del Estado en la consolidación de la agrupación.

–Es que La Campora nace en 2001 o incluso antes. Eso que yo describía en la respuesta anterior, los jóvenes que estallan, es la realidad de la Argentina de 2001. En los ’90, en pleno menemismo, nacen algunos núcleos juveniles de resistencia al neoliberalismo. En el movimiento de derechos humanos se produce esa enorme novedad que es Hijos, en la línea filiatoria de Madres y Abuelas, con esa otra gran novedad que es el escrache. Surgen los movimientos piqueteros, que nacen en el barrio, en el territorio, que en un contexto de desindustrialización, fragmentación social, etc., se va convirtiendo en el gran organizador de la vida política de los sectores populares. En la clase media vemos el surgimiento de las agrupaciones de la izquierda independiente en las universidades públicas, TNT, El Mate, NBI. Aparece el Movimiento 501, que en su momento pasó como una cosa simpática y nada más. Bueno, todo eso confluye en 2001, en los estallidos de diciembre, cuando, en un contexto de mucha antipolítica, se produce una repolitización de muchos sectores de la juventud. Ésa es la paradoja de diciembre. Y también una novedad que es el diálogo, transitorio pero diálogo al fin, entre Capital y Conurbano. Los movimientos piqueteros por primera vez se mueven masivamente a la Capital, se ubican en el centro, geográfico y simbólico, de la Argentina. Y al mismo tiempo, jóvenes de clase media se acercan a la política y toman contacto con la realidad de los sectores populares. La metáfora de ese movimiento de ida y vuelta son los traslados por los puentes que unen, o separan, según cómo se mire, Capital y Conurbano. Por eso no es casual que sea en un puente el lugar donde se produce el momento más impactante de ese ciclo, que es la muerte de Kosteki y Santillán, que no casualmente son jóvenes.
–Y luego llega la novedad kirchnerista…
–Entonces llega Kirchner con su primer año de gobierno, la política de derechos humanos, la deuda, la Corte Suprema. Eso, de alguna forma conmueve a una parte de esos jóvenes políticamente despiertos. Y yo creo que Kirchner, a pura intuición, entiende que algo pasa ahí, entre los jóvenes. Entonces hace lo que hace el kirchnerismo cuando ve que algo, una corriente política, una idea, un sector, lo que sea, le sirve. Puede ser la ley de medios, los movimientos de defensa de la minorías sexuales, lo que sea, el kirchnerismo lo toma, se lo apropia en el buen sentido, y pone atrás todo el peso de su voluntad, los recursos del Estado. Por eso, yo digo que la juventud kirchnerista no es un invento de Kirchner, sino un movimiento que surge desde abajo y luego es capturado y amplificado desde arriba.
–También impugna el hecho de que se tracen paralelismos entre la militancia juvenil setentista y La Cámpora. En cambio, opta por hacer una comparación más cercana, con la experiencia de la Coordinadora radical. ¿Por qué esa comparación y qué conclusiones saca de ella?
–Sí, yo soy muy crítico de eso, no porque no crea que no haya cosas para reivindicar de esa época, de los ’70, sino porque me parece que es comparar peras con manzanas. En los ’70, la democracia no era la base del juego político, el poder militar estaba activo, la violencia era una parte natural, bastante aceptada, de la pelea política, el peronismo a veces estaba proscripto, había una utopía revolucionaria que funcionaba como horizonte para muchos. Nada que ver con lo que pasa hoy, que hay democracia, elecciones, pluralismo de partidos, libertades civiles, capitalismo hasta en China. Por eso, cuando escucho por ejemplo la consigna “la vida por Cristina” me parece fuera de foco. La vida no: sí, si quieren, el compromiso, la pasión, el tiempo, lo que sea, pero la vida no.
–¿Y por qué el paralelismo con la Coordinadora?
–Para mí es más pertinente, aunque yo sé que a veces no gusta, porque se trata de dos agrupaciones juveniles que funcionan al interior de movimientos progresistas (para mí el alfonsinismo, sobre todo al principio, lo fue), que vienen a renovar los partidos tradicionales (la UCR y el PJ) después de décadas de hegemonía conservadora (balbinista y menemista), que emprenden reformas profundas, con liderazgos enérgicos. Obviamente, hay diferencias, pero si hay que comparar yo creo que es más adecuado pensar la Coordinadora, que tenía que discutir cómo gestionar el Estado o ganar elecciones, cómo compatibilizar gobernabilidad económica con cambio, o alianzas con sectores incómodos con valores, cosas similares a las que hoy debate La Cámpora. Montoneros, en cambio, discutía si pasaban o no a la clandestinidad o dónde podían esconder los fierros.
–También señala algunos riesgos que corre la agrupación, como la necesidad de amoldarse a las lógicas del Estado que pueden ser conservadoras, “realistas”, verticales. O la ausencia de una agenda transformadora pese a que se trata de una agrupación juvenil…
–Sí, yo ahí veo un riesgo. La Coordinadora terminó mal porque cuando llegó a altos cargos del Estado, más o menos como los que tiene hoy La Cámpora, se amodorró en la lógica de la administración, atenazada por la realpolitik. Eran chicos brillantes, la mayoría honestos y bien intencionados, y se fueron apagando en una agonía parlamentaria gris. Esa energía desafiante, esa creatividad e innovación, que debería ser, a mi juicio, el aporte de los jóvenes a la política, la Coordinadora lo perdió. Por eso digo que La Cámpora tiene que leer esa experiencia, y que el riesgo no es terminar como Firmenich, sino como el Changui Cáceres. Yo sé que es difícil. La Coordinadora nunca pudo trascender la figura de Alfonsín, no supo construir el post-alfonsinismo. Poniéndonos psicoanalíticos podríamos decir que no pudo matar simbólicamente al padre, que es lo que hay que hacer para pegar al salto a la adultez, y terminó mal. Ése es el principal riesgo de la juventud kirchnerista. Insisto con que es difícil.
–A la vez, las juventudes se supone que expresan cierto tipo de kirchnerismo de paladar negro…
–Por un lado, los jóvenes kirchneristas están obligados a ser el corazón ideológico de un gobierno que se sostiene en base a una serie de alianzas heterogéneas, muchas oportunistas, con gobernadores conservadores, intendentes dudosos, etc. Y al mismo tiempo esa exigencia de lealtad, para usar una palabra que no me gusta, corre el riesgo de ahogar cualquier energía desafiante. Es una tensión complicada de administrar. Creo que una forma de salir de ahí es elaborar e impulsar una agenda propia, pero hasta el momento yo no la veo. ¿Qué le aporta la juventud kirchnerista al kirchnerismo? Ésa es para mí la pregunta clave. ¿Presencia territorial? Perfecto, pero eso está también en los gobernadores, los intendentes, los sindicatos. ¿Funcionarios? Buenísimo, de hecho algunos muy buenos vienen de ahí, pero también hay en los Estados provinciales, la academia, incluso en los medios. El aporte de La Cámpora no puede limitarse a la energía militante o los buenos gestores. Tiene que haber algo más, que es justamente lo que yo no veo.

–El libro no pretende ser de investigación periodística, sino más bien analítico. Aun así, antes o durante la escritura del libro, ¿le interesó hablar con referentes de la agrupación?
–Yo lo veo como un ensayo político. Hablé con algunos dirigentes, tengo amigos en diferentes lugares, también con los grupos que capaz no están en el Gobierno o en el Congreso sino en los medios, en el territorio. Pero no hice una investigación exhaustiva porque no me interesaba tanto saber si tienen 20 ó 30 unidades básicas, si tal se peleó con tal, sino más bien entender y pensar el movimiento desde el punto de vista histórico, de comparación global, etc.
–En el funcionamiento de La Cámpora parece haber una suerte de mística de la clandestinidad, llamativa en tiempos democráticos. No es fácil hablar públicamente con sus referentes. ¿Cómo interpreta esa cultura? ¿De dónde cree que viene? 
–Eso es totalmente cierto y es algo que no termino de entender. Yo entiendo la idea de no sumarse a la lógica de los grandes medios, no comprar ciegamente sus agendas, de priorizar la construcción territorial. Me parece perfecto. Pero también creo que en sociedades democráticas el debate público, la discusión abierta son fundamentales. Porque es a partir de eso que también se construyen los sujetos políticos. Creo que hay una lógica vertical, cerrada, de concentración de las decisiones, que es propia del kirchnerismo, y que eso se ha contagiado a la juventud.
–En los capítulos “argentinos” sobre los nuevos fenómenos juveniles establece una clara distinción acerca de las diferencias y desigualdades que median entre ser un joven de clase media o uno del conurbano profundo. Pero no se mete demasiado en los fenómenos de repolitización que se registran, ya sea entre nuevos trabajadores jóvenes o militantes de movimientos sociales. ¿La Cámpora tiene inserción en esos espacios?
–Lo que yo trato de hacer es un retrato para señalar que lo que definimos como juventud en realidad es algo bastante heterogéneo. Por un lado, jóvenes de clase media, que estudian muchos años, se casan tarde, tienen pocos hijos, tienen consumos culturales como podrían tener jóvenes de San Pablo o Nueva York, viajan de mochileros. Y, por otro lado, los jóvenes de los sectores populares, con un ciclo de vida más acelerado, se casan antes, tienen que salir a trabajar pronto, viven más atados al barrio, a la comunidad. Creo que La Cámpora tiene inserción en ambos espacios y que eso es una gran ventaja y una diferencia importante. El PRO, por ejemplo, tiene un sector juvenil que lo acompaña proveniente de la clase media, muchos jóvenes que pasaron por las ONG tecnocráticas surgidas en los ’90, tipo Cippec, que es también para mí una forma de militancia. La Cámpora tiene jóvenes de esos sectores pero tiene también presencia en barrios, en villas, mucho trabajo social. Es algo que se hace lentamente, de a poco, pero que se va haciendo. Y tiene diálogo o articulación con el Evita, Kolina, etc. Todo eso es la juventud kirchnerista. Respecto de los sectores sindicales, la inserción es menor. Los sindicatos funcionan con otra lógica: son menos versátiles, más difíciles de penetrar, muy reactivos en general a cualquier esfuerzo de renovación.
–Tampoco menciona una figura interesante, la de Facundo Moyano. ¿Cómo lo describiría, en sus posturas o su discurso, en el contexto de los procesos de repolitización?
–Coincido en que es una figura interesante, con un discurso muy articulado, que mostró en su momento posiciones inteligentes, de defensa de los intereses de los trabajadores pero de comprensión también de las necesidades más amplias del Gobierno. Quedó preso de la pelea Moyano-Gobierno, y me parece una lástima porque ahí estaba la oportunidad de un acercamiento entre dos sectores juveniles. Pero de todos modos, mi sensación es que la nueva militancia juvenil en los sindicatos va por un carril diferente respecto del de la militancia partidaria o los movimientos sociales.
–Dados los niveles de polarización del debate político argentino, ¿siente que su lugar de análisis, que combina reconocimientos y críticas tanto al kirchnerismo como a La Cámpora, es un espacio que se hace difícil de sostener? ¿O por el contrario cree que existe un auditorio amplio que precisamente busca discutir política desde un lugar de mejores equilibrios?
–No sé si difícil de sostener, pero es un lugar incómodo por momentos. Mi intención es entender estos fenómenos complejos y reflejar esa complejidad lo mejor que pueda. En mi libro anterior, sobre la nueva izquierda en América latina, yo veía que había algo nuevo en el aire, y que había que hacer un esfuerzo por definirlo, entender sus causas, analizar límites, comparar. Acá hago lo mismo: los jóvenes estallan en diferentes lugares, hay una juventud políticamente activa como no se veía desde fines de los ’60. Entonces trato de ver cómo surge, cuáles son los límites, las posibilidades. Eso me lleva a descartar las miradas más prejuiciosas: que sólo son chicos interesados en el poder, que usan Black Berry, etc. Pero también me obliga a señalar los puntos críticos o las debilidades. No creo que los jóvenes kirchneristas sean puro pragmatismo, no me creo esa especie de “guerra del cerdo al revés” que lanzan los sectores más conservadores, pero tampoco los defiendo como si fueran los salvadores de la patria. Si llega a un público no lo sé, a veces pienso que sí, a veces que no. Cuando el debate se tensa tanto prevalecen los enfoques más exaltados o rústicos. A mí no me importa tanto que alguien esté de un lado o del otro, lo que realmente me molesta es que lo que dice no sea inteligente, o interesante, que sea puro slogan. Yo trato de escapar del slogan, aunque sea un slogan bien escrito.
–Aún marcando ciertos límites prudentes, al final del capítulo respectivo sugiere que en la conformación de La Cámpora, de cara al futuro, laten promesas y oportunidades. ¿Cuáles serían?
–El desafío es renovar la política, pero no en el sentido tonto del voto electrónico o la lista sábana, sino en un sentido profundo, como en su momento la renovaron Cafiero, Alfonsín, Kirchner. Es una generación que se formó en un contexto plenamente democrático, con muchos dirigentes técnicamente muy competentes, con una Presidenta que confía en ellos. Pero está el riesgo de que se encierren en el Estado, se queden en la simple defensa del kirchnerismo, que está bien pero no puede ser todo. En definitiva, que no muestren todo lo que tienen.

miércoles, agosto 17, 2011

Publicidad de campaña para las primarias del 14 de agosto: el triunfo de la emoción kirchnerista

Del “necromarketing” al triunfo: la exitosa campaña publicitaria de Cristina Kirchner Por Eduardo Zukernik. Publicado en el Update de la Revista IMAGEN - 16/08/2011


Si hubiera que analizar las elecciones primarias por las campañas publicitarias de los candidatos, debería reconocerse que la apelación a las emociones ideada por Fernando Braga Méndez con su grito de guerra “Fuerza Cristina”, dieron sus frutos con un resultado que ni el más convencido de los kirchneristas esperaba.

Además, fuera de lo que el ex OSDE y especialista en marketing Daniel Scheinsohn llamó el “necromarketing” y suspicacias al margen, resulta por demás llamativo el escenario electoral surgido de las urnas: Cristina Fernández, primera, a casi 40 puntos de sus rivales que, increíblemente, terminaron empatados en tono a un magro 12%.
Es decir, de un plumazo, la estrategia de la oposición destinada a ungir al segundo más votado para polarizar con la Presidente en las presidenciales de octubre se hizo trizas, al haber dos y a tal distancia de la primera que ya son muchos los que auguran que la única sorpresa que puede arrojar el 23 de octubre es quiénes ocuparán las bancas en el Congreso.

Con 44.000 horas de publicidad en televisión para ser emitidos en alrededor de 2.000 medios del país, según la reforma electoral que sortea espacios gratuitos, los spots de campaña parecieron jugar la línea del “no hagan olas” o, más precisamente, apostar al más bajo riesgo que a buen entendedor significa no decir mucho o casi nada, en materia de planes de gobierno y, en cambio, apelar a frases surgidas de los manuales de marketing político para pedir apoyo al candidato que se promoviera.

Así, el oficialismo insistió con el recuerdo de la figura de Néstor Kirchner acompañando como fondo los discursos de tono dramático tan ensayado por la jefa de Estado que, a esta altura pocos se atreven a cuestionar por su eficacia en las unas.

La propaganda oficial contó con producción de Pucho Mentasti, autor del video clip “Matador” de los Fabulosos Cadillacs en 1988, y el resto lo hizo la creatividad de sectores militantes más aportes del ex publicista de Macri, Ernesto Savaglio, a quien se atribuye la idea de enmarcar los spots en torno a la palabra “fuerza”.

Tres especialistas en comunicación consultados por Imagen coincidieron en que “la emocionalidad es el discurso que mejor le queda al oficialismo”. Así lo entendieron Luis Rosales, autor del libro “Otra oportunidad. La Argentina en un mundo multipolar”, quien aseguró que “la emocionalidad (a la Presidente) la ha posicionado donde está. Si bien es cierto que hay factores económicos objetivos que justifican su buena performance en determinados segmentos de la población, también es verdad que desde la muerte de Néstor Kirchner, y aprovechando una onda muy fuerte de empatía, logró recuperar la popularidad del inicio de su gestión”.

En la misma sintonía, Federico Rey Lennon, director asociado en Newlink Group, planteó que, más allá del resultado positivo, no habría por qué cambiar de cara a octubre ya que “la línea de la emoción le ha dado muy buen resultado. El kirchnerismo viene gobernando en los últimos 8 años; ya la gestión es conocida y sus candidatos también, no tiene sentido cambiar ahora el discurso. Apostaría por la emoción y una buena carga de utopía”.

Scheinsohn, autor del libro “El poder y la acción a través de comunicación estratégica”, planteó que “la emocionalidad es el discurso que mejor articula y mejor le queda al Ejecutivo. Además, es el que a su electorado más le gusta escuchar. Salvo que aconteciera algo muy disruptivo de aquí a las próximas elecciones y que justificara dicho cambio, si se obtuvieron buenos resultados así, ¿para qué innovar?”.

Un caso paradigmático en materia de spots de campaña lo ofreció el candidato presidencial de la alianza UDESO, Ricardo Alfonsín. El hijo del ex presidente, que quedó 12 puntos abajo de la Presidente en su pago chico de Chascomús, observó un comportamiento errático en sus avisos de campaña.

Primero arrancó con un largo discurso plagado de propuesta de corte naif del tipo de “siempre me interesó el turismo”, mientras acompañaba su voz con imágenes de las Cataratas de Iguazú y hablaba desde un escritorio con un tono monocorde y disfónico que estaba lejos de atraer al electorado.

Ya en la recta final de la campaña, cuando llegó el turno de los avisos gratuitos, Alfonsín emergió con una potente creatividad poniendo en ridículo al ministro de Economía y compañero de fórmula de Cristina Fernández, Amado Boudou, con su negación de la inflación y el acierto del “que me pregunten a mi”, respondido a cámara por actores, cada uno inserto en un contexto apropiado.

Aunque es un secreto a voces, se sabe que la campaña inicial corrió por cuenta de militantes partidarios y, en la etapa definitoria, fue responsabilidad de Carlos Baccetti, ex socio de Ramiro Agulla. La coordinación publicitaria estuvo acompañada por Fernando Guevara, publicitario de Francisco de Narváez, el socio bonaerense y peronista de Alfonsín, con la supervisión general del gurú venezolano J.J. Rendón. Fuentes cercanas al radicalismo decían que Rendón puso el grito en el cielo al ver el primer spot y que incluso proponía una campaña un toque más agresiva que los divertidos comerciales que finalmente se pautaron.

La mano de profesionales de la comunicación política en torno de Alfonsín también se advirtió en su discurso de cierre de campaña cuando insumió 45 minutos, prolijamente seguidos por canales de la TV cable, donde se hicieron visibles sus clases de coaching para hablar con firmeza, con tono alto y severo y precisando críticas al oficialismo para plantearse como alternativa.

Acerca de los errores estratégicos en la campaña de la oposición, Scheinsohn señaló que si bien “todas las campañas del arco opositor tuvieron falencias, no sólo a nivel de la precisión del mensaje (cómo decirlo) sino y fundamentalmente a nivel de determinar cuál debía ser la promesa a realizar (qué decir), se preguntó por los alcances de aquello que el electorado está dispuesto a escuchar. ¿Cuáles son sus límites? ¿Esto refiere a propuestas verdaderamente transformacionales?”.

La campaña del ex presidente interino Eduardo Duhalde contó con la coordinación y el asesoramiento de Carlos Citara, licenciado en marketing político y hermano de un hombre de su círculo político íntimo, Rubén Citara, ex procurador del Tesoro de la Nación.

Sus spots se redujeron a exhibirlo en actos partidarios junto a su compañero de fórmula, Mario Das Neves, asegurando en off que “sabe y tiene lo que hace falta para ser presidente”. Más allá de la evidencia de que, como Alfonsín, no logró convencer principalmente al electorado independiente, en opinión de Rosales, “en esta primera etapa no hubo avisos de lo que se entendería como una campaña negativa. La recomendación sería tenerlos en cuenta si se considera que hay un candidato que encabeza las encuestas por un amplio margen y no se logra cerrar la brecha apelando a los aspectos positivos de los otros contrincantes. Esto es lo dice el manual”, recordó el politólogo que integra el equipo del consultor norteamericano Dick Morris.

Para Rey Lennon uno de los principales desaciertos de los spots de Alfonsín fue el que hizo junto De Narváez, aquel en que les hacían decir a cada uno, mirándose alternativamente “yo creo en vos”: “Parecían el dúo Pimpinela”, dijo sin piedad el consultor de PR.

Por su parte, respecto a la estrategia de campaña de los candidatos opositores, Scheinsohn puso énfasis en que intentaron hacer poca alusión al Ejecutivo porque pretendieron ser opositores sin “oponerse demasiado”. “Así, ninguno logró diseñar, ofrecer y entusiasmar al electorado con un real “poskirchnerismo”.

Con la mira en lo que viene, donde desde la oposición irremediablemente todo entrará en revisión, y desde el oficialismo en hacer la plancha, algunas premisas de la campaña de esta primera primaria abierta y obligatoria parecen destinadas al arcón de la historia. Una de ellas es la que daba por seguro el balotaje entre Cristina Fernández y el segundo candidato más votado.

Seguramente, en la mesa de campaña de los candidatos habrá nuevas convocatorias de estrategos, agencias de publicidad y creativos si, como ello suelen asegurar, son responsables de buena parte de la decisión final de los electores, antes de ingresar al cuarto oscuro.

viernes, abril 01, 2011

EL ENCANTO DE LA CRISTINA MODERADA SE HA ROTO PARA SIEMPRE

Una nota ciertamente polémica del consultor en comunicación política y Director de Newlink Political, Mauricio De Vengoechea. Da para el debate, no creen?


EL ENCANTO DE LA CRISTINA MODERADA SE HA ROTO PARA SIEMPRE
By Mauricio De VengoecheaPublished: Marzo 29, 2011

Quienes pensaban que el duro de la familia era Néstor Kirchner, nunca se imaginaron de lo que Cristina era capaz.

Con total desfachatez la presidente Cristina Fernández y su principal aliado político Hugo Moyano presidente de la CGT, el sindicato más fuerte y corrupto de la Argentina, se pusieron de acuerdo para asestar un duro golpe a Clarín, diario abiertamente opositor al régimen.

Sin embargo, contra lo que realmente atentaron fue contra la libertad de prensa y el legítimo derecho que tienen los ciudadanos de acceso a la información, constitucionalmente considerado como inalienable, sin imaginarse siquiera que el golpe contra Clarín podría llegar a impactar negativamente a la presidente misma.

El bloqueo que impidió la distribución del diario Clarín, un hecho sin precedentes en la historia argentina, puede significar el verdadero inicio de la campaña electoral y puede traer consigo consecuencias verdaderamente inesperadas. El hecho ha sido ampliamente criticado por la inmensa mayoría de sectores internacionales y nacionales, incluyendo por supuesto a la oposición, pero también la Iglesia e incluso algunos aliados políticos del gobierno como es el caso del gobernador de la Provincia de Buenos Aires Daniel Scioli.

Lo que ahora comienza es la verdadera lucha por el poder.
La presión acerca de una decisión gubernamental para que se incremente el mínimo no sujeto al impuesto a las ganancias y el tope de las asignaciones familiares, que exige la CGT después del bloqueo, son una simple demostración de que la saciedad de Moyano no tendrá límite. El enorme costo que Cristina tendría que pagar por los favores de Moyano, un hombre sin escrúpulos de ninguna clase, que durante años ha sabido chantajear a la sociedad política, económica y trabajadora del país, terminarían por llevar al sistema a ser completamente inviable.

Es por ello que lo ocurrido no solo puede ser el detonador para que la sociedad argentina, hastiada de una década de abuso de poder y acorralada por una inseguridad creciente y un desorden galopante, termine por hartarse de lo que ocurre y busque una mejor opción de cambio.

Como la viuda que sabía victimizarse, Cristina había logrado convertirse, hasta ahora, en la candidata invencible de cara a la contienda presidencial de octubre de 2011. Sin embargo el bloqueo de Clarín puede ser el error qué nunca debió cometer para lograr su objetivo reeleccionista.

Si personajes como Mauricio Macri o Daniel Scioli saben interpretar esto correctamente y definen una estrategia de cambio positivo hacia el futuro y no de queja continua acerca del presente y el pasado, sacarán partido de esta situación de coyuntura, que nos ha mostrado el verdadero talante radical y autoritario de la Presidente.

Con lo ocurrido podemos afirmar que el encanto de la Cristina moderada se ha roto para siempre.